SOLE D. DENEGRI


Mi historia con el yoga comenzó hace ya unos cuantos años en Dublin (Irlanda), una ciudad tan mágica como voraz, y por una de esas casualidades de la vida me ofrecieron asistir a una clase de yoga. No sabía muy bien que me iba a encontrar allí pero acepté, y me presenté en la sala con una intención muy clara, muy concreta y muy humana: adelgazar 5 kilos.
Sole de AimYoga meditando en el entorno natural de la Sierra de Madrid.
Cada vez que recuerdo esto me entra una mezcla de ternura y pudor.
Cuando salí de la sesión, creo que ni siguiera recordaba mi tan clara intención. Lo que había sentido allí dentro, todo lo que se había despertado en mi era tan grande que la idea de perder esos 5 kilos habían quedado completamente fuera de lugar. Había descubierto algo que sin buscarlo ni saberlo, superaba infinitamente cualquier expectativa que pudiera tener hacia la práctica del yoga: .una sensación de silencio, dentro y fuera. De ocupar mi espacio, el que habito, el que me pertenece… la sensación de volver a casa, de reencontrarme con mi verdadera esencia, mi verdadero yo… No era solo una cuestión física, era mucho más que eso… El yoga es mi refugio, una forma de sostenerme honestamente y escucharme cuando la vida aprieta. 
Desde entonces hasta hoy, el yoga es parte de mi equilibrio diario, una herramienta viva para habitar el cuerpo, calmar la mente y reconectar con la esencia, con el Ser.

Clase de meditación y bienestar dirigida por Sole en nuestra Shala de Collado Villalba
Siempre me ha encantado viajar y he tenido la suerte de poder recorrer muchos países y aprender de muchas culturas… Desde Sudamérica, Centroamérica, Australia, Marrueco, Túnez y gran parte de Europa, viajar me enseñó que el bienestar no entiende de idiomas ni de culturas. Todos buscamos lo mismo, aunque lo nombremos distinto. Presencia, Calma, Sentido.

Pero el viaje que marcó un punto de inflexión en mi vida fue, sin duda, San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, México. Allí llegó a mis manos un libro de Jiddu Krishnamurti, “Reflexiones sobre el ego”. Ese libro fue mi primer contacto real con una forma de entender la vida que iba mucho más allá de lo que vemos. Ese libro fue una llamada clara a soltar, a desprender lo impuesto y volver a lo simple. Comprendí algo que me acompaña desde entonces: que el camino no era acumular más, sino quitar capas. Menos ruido, menos personajes, menos expectativas ajenas. 

Desde ese momento no he dejado de investigar, experimentar y aprender a través de todo lo que he ido recogiendo en este bonito camino que es el yoga. 

Mi historia con el yoga comenzó hace ya unos cuantos años en Dublin (Irlanda), una ciudad tan mágica como voraz, y por una de esas casualidades de la vida me ofrecieron asistir a una clase de yoga. No sabía muy bien que me iba a encontrar allí pero acepté, y me presenté en la sala con una intención muy clara, muy concreta y muy humana: adelgazar 5 kilos.

Cada vez que recuerdo esto me entra una mezcla de ternura y pudor.
Cuando salí de la sesión, creo que ni siquiera recordaba mi tan clara intención. Lo que había sentido allí dentro, todo lo que se había despertado en mi era tan grande que la idea de perder esos 5 kilos habían quedado completamente fuera de lugar. Había descubierto algo que sin buscarlo ni saberlo, superaba infinitamente cualquier expectativa que pudiera tener hacia la práctica del yoga: una sensación de silencio, dentro y fuera. De ocupar mi espacio, el que habito, el que me pertenece… la sensación de volver a casa, de reencontrarme con mi verdadera esencia, mi verdadero yo… No era solo una cuestión física, era mucho más que eso… El yoga es mi refugio, una forma de sostenerme honestamente y escucharme cuando la vida aprieta. 
Desde entonces hasta hoy, el yoga es parte de mi equilibrio diario, una herramienta viva para habitar el cuerpo, calmar la mente y reconectar con la esencia, con el Ser.



Mi historia con el yoga comenzó hace ya unos cuantos años en Dublin (Irlanda), una ciudad tan mágica como voraz, y por una de esas casualidades de la vida me ofrecieron asistir a una clase de yoga. No sabía muy bien que me iba a encontrar allí pero acepté, y me presenté en la sala con una intención muy clara, muy concreta y muy humana: adelgazar 5 kilos.

Cada vez que recuerdo esto me entra una mezcla de ternura y pudor.
Cuando salí de la sesión, creo que ni siguiera recordaba mi tan clara intención. Lo que había sentido allí dentro, todo lo que se había despertado en mi era tan grande que la idea de perder esos 5 kilos habían quedado completamente fuera de lugar. Había descubierto algo que sin buscarlo ni saberlo, superaba infinitamente cualquier expectativa que pudiera tener hacia la práctica del yoga: .una sensación de silencio, dentro y fuera. De ocupar mi espacio, el que habito, el que me pertenece… la sensación de volver a casa, de reencontrarme con mi verdadera esencia, mi verdadero yo… No era solo una cuestión física, era mucho más que eso… El yoga es mi refugio, una forma de sostenerme honestamente y escucharme cuando la vida aprieta. 
Desde entonces hasta hoy, el yoga es parte de mi equilibrio diario, una herramienta viva para habitar el cuerpo, calmar la mente y reconectar con la esencia, con el Ser.


Sole de AimYoga meditando en el entorno natural de la Sierra de Madrid
Siempre me ha encantado viajar y he tenido la suerte de poder recorrer muchos países y aprender de muchas culturas… Desde Sudamérica, Centroamérica, Australia, Marrueco, Túnez y gran parte de Europa, viajar me enseñó que el bienestar no entiende de idiomas ni de culturas. Todos buscamos lo mismo, aunque lo nombremos distinto. Presencia, Calma, Sentido.

Pero el viaje que marcó un punto de inflexión en mi vida fue, sin duda, San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, México. Allí llegó a mis manos un libro de Jiddu Krishnamurti, “Reflexiones sobre el ego”. Ese libro fue mi primer contacto real con una forma de entender la vida que iba mucho más allá de lo que vemos. Ese libro fue una llamada clara a soltar, a desprender lo impuesto y volver a lo simple. Comprendí algo que me acompaña desde entonces: que el camino no era acumular más, sino quitar capas. Menos ruido, menos personajes, menos expectativas ajenas. 

Desde ese momento no he dejado de investigar, experimentar y aprender a través de todo lo que he ido recogiendo en este bonito camino que es el yoga. 

Donde el cuerpo y la palabra se encuentran

Cuando terminé mi formación y comencé a impartir clases de yoga, entendí que el yoga me daba presencia y escucha, pero había momentos que la vida pedia algo más. Pedía claridad, decisiones, palabras. Y el coaching me pareció la herramienta perfecta para unir todas las piezas del puzzle.
El coaching complementa perfectamente al yoga. Si el yoga me da presencia y me enseña a estar, el coaching me enseña a mirar de frente lo que sucede y a hacerme cargo. Ambas prácticas comparten lo esencial: acompañarte a comprenderte. El yoga trabaja desde el cuerpo; 
el coaching, desde la conciencia y la acción. Juntos, crean un espacio honesto para decidir desde un lugar más alineado con quien eres realmente.

COHERENCIA Y COMPASIÓN: VERDE OLIVIA


Mi compromiso con la consciencia traspasa la esterilla. Mi amor por los animales y el respeto por el planeta me llevaron a crear Verde Olivia, mi proyecto de cocina vegetal y vida sostenible. Allí practico el mismo yoga que en la esterilla: el de la presencia, el mimo por el detalle y el respeto por la vida en todas sus formas.